¿En qué medida los tiempos que vivimos profundizan los problemas?

 

¿Los estados emocionales alterados van de la mano con una exacerbación de las diferencias de opinión?

 

¿Pueden dichas diferencias transformarse en irreductibles, al punto de destruir relaciones y proyectos de años?

 

¿Las nuevas grietas repercuten negativamente en la gestión y rentabilidad del negocio?

 

¿Cómo pueden sobrevivir los grupos familiares empresarios a una agudización de los conflictos?

 

El termino grieta se instaló como un sinónimo de bifurcación de ideas, caminos, pero con un sentido negativo. La grieta alude así a diferencias, divisiones, que se hacen imposibles de congeniar. “Vos o yo”, “mi idea o tu idea”, pasó a ser el escenario natural en el tratamiento de las opiniones y visiones.

 

Esta situación se amplía en tiempos de pandemia. El encierro, la falta de contacto, la incertidumbre permanente, la perdida personal y de negocios, confluyen en potenciar las situaciones descriptas.

 

Grupos familiares, directivos, mandos medios, pasaron a enfrentarse de modos peligrosos para la supervivencia del negocio.

 

Pequeñas diferencias se transforman en asuntos graves, grandes diferencias en vida o muerte. Aplica a relaciones padres e hijos, conyugues, hermanos, directores, supervisores, áreas o departamentos de la empresa.

 

Cada uno, cada sector, intenta tomar de los hechos aquello que confirma su idea, y así promover que se imponga a los demás.

 

Si cada uno se toma el trabajo de visualizar el modo y el contenido de las conversaciones o discusiones, se puede dar cuenta de cómo estamos funcionando. La manera en como impactó en la vida del negocio y la familia las condiciones de vida o la falta de perspectivas futuras.

 

En algunos casos produjo unión, en otros distancia. En todos, estados emocionales alterados. Pérdida de razonabilidad, abandono de la capacidad de priorizar, desesperanza, liderazgos que no marcan caminos posibles, comunicaciones contradictorias. Disminuyó la posibilidad de mediar, encontrar acuerdos entre las posturas diversas.

 

¿Cuáles pueden ser los antídotos?

 

Tenemos que saber que afrontar lo actual no tiene recetas únicas. No hay una sola verdad, porque como se suele decir, “se nos quemaron los papeles”. Entonces sepamos ver más allá de la propia idea y admitir el ensayo y error.

 

Conformar equipos ayuda en este camino. Los equipos permiten agregar otras visiones y soluciones a los problemas, de modo de no encasillarnos. Pero cuidado: aceptemos las ideas sin descalificar.

 

Se trata de negocios: por lo tanto, midamos la gestión. Si perdemos los números del negocio, es como no tener la radiografía, como salir de viaje sin el tablero en el auto. Medir la gestión aporta racionalidad y nos saca de la pura subjetividad.

 

Hay que generar espacios de conversación permanente para quebrar el aislamiento. De esta forma balanceamos los sentimientos negativos, el miedo y la soledad que impone la pandemia.

 

Pensemos siempre en las decisiones que tomamos, y no dejemos que el impulso del momento las guie. La intuición puede servir de poco en contexto de ahora, que no tienen precedentes. Por lo tanto, ante decisiones de envergadura revisemos el impacto que va a tener en los diferentes ámbitos, negocio y familia.

 

Un elemento central es construir futuro. Sembrar desesperanza, sentimientos negativos, solo genera mayores problemas, potencia lo malo. Es tiempo de liderar, mostrar caminos posibles, construirlos con otros, pero siempre mirando hacia adelante. Vivir en el negocio añorando el pasado, nos llevara a acelerar el final.

 

Las cosas que hacemos, o como nos manejamos en tiempos relativamente normales, no pueden naturalizarse en momentos como los actuales, a riesgo de desarrollar problemas innecesarios.

 

Cuando profundizamos grietas o rompemos puentes, estamos sembrando un futuro complicado. Seamos conscientes que según como nos manejemos ahora, serán los cimientos que dejamos a las futuras generaciones.

 

Así nos van a recordar.

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